miércoles, 10 de abril de 2013

Tan negro que no se me ve

(A propósito del caso Zurbano)


Para aparecer como una superlativa mierda sólo me faltó ser negro, y acaso mujer. Ya soy pobre, homosexual y seropositivo. He sobrevivido a numerosas discriminaciones y he resistido algunas; acaso el cariz más desalentador de esos combates sea enfrentarse a al menosprecio tácito, a la minusvalía simbólica que los dominadores históricos alientan incluso en mí mismo. El desmesurado poder de los imaginarios es una carga que me joroba. Mis padres, por ejemplo, se resisten a admitir la etiqueta de racistas, pero lo son. Yo, maricón, arremeto contra la homofobia y soy homofóbico.

Ayer supe de la última polémica en la palestra, generada por un artículo de Roberto Zurbano que examina la pervivencia del racismo en Cuba, y sobre todo la desventaja de los negros para situarse en un escenario político y económico que anuncia la desintegración del socialismo. ¿Qué replicar a Zurbano? La Revolución, por principio, se opuso al racismo, pero no fue suficiente.  Y esa verdad de Perogrullo y de Zurbano, lamentablemente, no gusta, porque la Revolución, para ciertos opinadores, es  perfecta. Ella misma se sabe incompleta, pero ciertos usufructuarios no admiten que se diga a bocajarro. Me molestó bastante el tono de las réplicas publicadas en Internet: las rectificaciones -¿será casual?-  resultaron racistas sin querer, racistas a pesar de ellas mismas…

Yo sí entiendo a Zurbano, quizás porque todas las marginaciones comparten una raíz. Y por eso me sobrecogió el artículo, un verdadero ensayo, que Víctor Fowler escribió para dilucidar el caso. Quien no se haya sentido en la carne de la mierda no puede comprender las razones del insomnio que Fowler describe. La situación de los homosexuales es peor. Al menos los negros contaron con apoyo oficial e institucional para socavar el racismo visible. Otras minorías han sido excluidas del canon con más empeño.

El año pasado denuncié la homofobia del censo, revelé que la actitud de la ONEI traicionaba la política del Partido y de la Revolución. No hubo respuesta. El censo fue homofóbico, la prensa internacional dijo que Cuba discriminaba sin pudor; a mí trataron de amordazarme unos funcionarios provincianos que no creen en la sinceridad del pronunciamiento antihomofóbico de la principal organización política de Cuba. Yo sí creí. Como creo que Zurbano tiene derecho a su análisis.

El drama histórico de los negros es desolador, no sólo por las circunstancias puntuales de explotación y subalternidad, sino por el sedimento que echó en nuestro imaginario nacional. Hace muy poco, por ejemplo, no sabíamos que hubo familias cohesionadas y redes de apoyo entre los esclavos decididos a la emancipación. Existía el prejuicio de que tales familias no existieron hasta que una indagación microhistórica de María del Carmen Barcia rescató la tragedia. Conozco a algunos que piensan, ahora mismo, que las familias homosexuales no existen. Que los negros cubanos tienen las mismas oportunidades de movilidad social que los blancos. Que las políticas gubernamentales, correctas o no, no pueden cuestionarse. El recurso para conjurar la invisibilidad, sin embargo, no atañe a la historiografía en estos asuntos, sino a la sociedad civil. Los negros, los homosexuales, deben organizarse para dialogar, de modo más contundente, con los poderes. Ese derecho no está reñido con el socialismo, por el contrario. Si los homosexuales, transexuales, etc., estuvieran organizados en una o varias instituciones propias y combativas, es probable que al menos la desvaída unión civil que nos auguran hubiera sido aprobada. 

En fin, basta. Sé que estoy hablando solo y que ningún cubano de la isla comentará esta reflexión. A menudo soy tan negro que no se me ve en la noche. No se me ve ni quieren verme.

7 comentarios:

Carlos Alejandro dijo...

Aún no he podido leer el artículo de Zurbano ni el ensayo de Fowler. Los buscaré.
Siempre he pensado que en Cuba se erradicaron las formas institucionales de racismo, pero reconozco —es evidente— que la discriminación racial persiste a nivel humano. En cuanto a los homosexuales, aún no ha comenzado la verdadera lucha contra la homofobia instaurada históricamente, a pesar de las actuales disposiciones del PCC. ¿Por qué no se aprueba un nuevo Código de Familia que establezca derechos sexuales y condene la discriminación por orientación sexual, e incluso, elimine concepciones binarias, machistas, retrógradas...? Los "empapados" en el asunto alegan que la sociedad cubana no está preparada aún. Si es así podrá llegar el Apocalipsis y todavía no estaremos preparados.

Animal de Fondo dijo...

Tú me perdonarás mi incomprensión, Maykel. Me desespera ver tanta energía gastada, tantos esfuerzos empleados en cambiar lo que apenas está en tu mano cambiar. Y es que todo eso impide vivir, producir en paz. Tienes tanta alegría que dar, lecturas que compartir, poesía que escribir que me frustra que no te emplees gozosamente en ello. ¿No se puede dejar que resbale la opinión que no merece ser atendida? Todo lo que no sea querer, compartir, sentir compasión mutua nos empobrece.
En el fondo tal vez lo que me da tristeza es estar sometido a la lenta lobotomía diaria de mi país y no poder consolarme pensando que, mientras, vosotros recorréis el camino.

Maykel dijo...

Alejandro, ese Código de Familia llegará. Pero no hay que aguardarlo como una concesión. Habrá que exigirlo. De eso se trata...
Cúrate pronto.
Te espero para salir de viaje, otra vez...

Maykel dijo...

Mi querido Animal de Fondo, no me asumo incomprendido por ti; jamás. Tus últimas líneas, para colmo, me confirman que me comprendes.
Claro que no puedo cambiar nada ahora mismo. Pero estoy obligado a hablar. Y lo hago con ira a veces, pero sin amargura. He abrazado una suerte de existencialismo batallador. Me sé tan efímero que no creo arriesgar nada. De callar comprometería la imagen de mí mismo que he configurado para mi uso.
Echo de menos tus opiniones sobre Cuba. ¡Cuánto me gustaría que volvieras al ruedo!
Un abrazo.

Maykel dijo...

No respondí antes porque estuve de viaje.
Se cumplió mi pronóstico: pocos comentarios. Nadie quiere discutir ningún asunto polémico.

Yasmín S. Portales Machado dijo...

pidoperdon por llegar tarde, pero es verdad que pocas personas en Cuba (en el mundo) reparan en la matriz común de las discriminaciones. Zurbano y Fowler son de los pocos, y eso les enaltece.
Maikel, esto también es poesía, es amor. Gracias

Oscar Lorenzo dijo...

Llego muy tarde al debate, pero me enorgullece saber que aún hay voces jovenes que despiertan una vision fresca, digna y sin dogmas ante dolencias que heredamos, y que nos han negado en nombre de procesos que no llegan... tu escribes con genialidad, con agudeza y emanas aqui también Poesia; no descanses en definir tu voz aunque a veces no sea escuchada por otros...peores para ellos, que no lo saben siquiera.
Tan esperado Codigo de Familia llegara, porque 1975 ya esta en el siglo pasado, y porque nuevos cubanos lo merecemos!!
Abrazos!!