domingo, 6 de junio de 2010

Cuando fui a la casa de tablones verticales...

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Me acerqué a la casa de tablones verticales, sorprendido por su chamuscada solidez. Existen sitios que no perturban la perfección del paisaje. Nadie sabe que aquí nació Esteban Montejo, el cimarrón que dictó una novela e inspiró una ópera.

Detrás de la casa perdura la armazón oxidada del antiguo ingenio Santa Teresa. En torno al pueblo subsisten algunas fortificaciones de la última guerra colonial. Me animaría a escribir otro ubi sunt, una turbulenta elegía capaz de contener el drama de las crecidas del Undoso sobre la casa ribereña de mi abuela, donde nunca estuve.

Venir al pueblo de Sitiecito, por la ruta de los dos puentes, uno de ellos intransitable y recién decorado con artificiosas copias de Sosabravo, equivale a un lugar común.

Y anduve glacial bajo el mediodía, con ganas de difuminar el paisaje que circundaba la casa del zócalo estropeado, hasta que apareció el cordero y posé para su extraña mirada de animal sagrado.
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3 comentarios:

Gino dijo...

No es real la mansedumbre del ovis aries, decían Los Gálatas, bajo su débil mirada se esconde el volcán de la ira.
Siga inmortalizando senderos, contumaz viajero, nuestra deuda crece.

Animal de Fondo dijo...

Maykel, le fotografía me ha encantado. ¿Por qué se me antoja tan libre el hombre que camina bajo el porche? ¿Por qué siento que la malla de acero no es la que protege su propiedad sino la que circunda mi prisión?
Hay un hueco a la izquierda por el que tal vez podría intentar colarme. Y no me decido a hacerlo, sentado en la silla de ruedas que me enseñaron era tan cómoda, llena de botones que la mueven en direcciones precisas, con grabadora y televisión incorporadas, agua caliente y olla arrocera. No; si me levantara de la silla, perdería todo esto. Al fin y al cabo, media humanidad sueña con tener este formidable adelanto.
¿Y por qué ese hombre no está sentado en una silla como nosotros? ¿Quién le permitió ejercitar los músculos? ¿Por qué no los tiene atrofiados como sería lo normal?
Un abrazo

Dissortat en l'exili dijo...

Te leo con mucho placer, pero yo no tengo tantas palabras para comentar lo que nos regalas. Yo sólo sé que me gusta leerte.
Un abrazo