miércoles, 16 de junio de 2010

El último barco

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Lo vi este lunes, asegurado al muelle más septentrional.

La gente acudió a verlo traspasar la Boca de Maravillas y agitó los consabidos pañuelos de bienvenida.

Ha fondeado el último barco. Vino a reparar las balizas que todavía señalan las aguas por donde nadie debe navegar. Luces verdes y rojas, encendidas para disimular la ausencia de naves rumbo al último puerto.

Entramos al muelle por detrás de un tanque monumental, pintado de letreros maniqueos que consignan la estancia de otros viajeros ávidos de perpetuidad.
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Los marinos, pescadores de boyas inertes, tomaban el aire drástico desde el castillo de popa.
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El perfil del barco, a contraluz, se mostraba fantasmagórico como una silueta escenográfica.
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Por la noche ya era otro barco fantasma con luz de ojo único. Al regreso veíamos su resplandor ciclópeo de nave ausente.

El último barco fondeado en Isabela de Sagua


... las aguas por donde nadie debe navegar.


Por la noche ya era otro barco fantasma con luz de ojo único.

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2 comentarios:

Dissortat en l'exili dijo...

Me gustan los puertos y los barcos todos, pero me dan un miedo atroz las grandes masas de agua oscura, y esas de la imagen, por las "que nadie debe navegar", son como fangosas terribles y me producen rechazo.

Las siluetas de los barcos, aunque sean fantasma, evocan viajes que nunca llegaré a hacer...

Trasmites lo que sientes.

Un abrazo

Maykel dijo...

Querido Dissortat, siento lo mismo, una atracción paradójica que mezcla la pasión con el terror.

Otras veces he escrito sobre barcos y me he ocupado de imaginar el milagro de naves que retan al infinito sumergido.

En la bahía de Sagua la Grande, abundante en pecios y naufragios, uno se interna con la vacilación de quien posee lo oscuro.

Otro abrazo.