jueves, 4 de noviembre de 2010

El diablo de la piñata

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Esconde su faz, no mira a los ojos. Hace viento y la caja gira sobre sí misma, me burla. No puedo mirar de frente al diablo de la piñata que pende del balcón como un lastre maligno.

La cornucopia contiene la ironía de un paraíso yerto.

A mí me aterrorizan los cumpleaños. Qué miedo a tirar de los hilos y volver a casa sin un lápiz roto. Los niños se debatían en una urdimbre de brazos para arrancar un caramelo a los afortunados peleadores que ocupaban el centro, bajo la súbita y escasa lluvia de tarecos.

Qué miedo al instante que sucede al tirón de hilos. Dura hasta hoy, cuando dilucido el significado de aquellos cumpleaños dramáticos, el sentido que tenía aquel acto vertiginoso de alcanzar algo en el festín de sobrevivir donde alguien sirvió la mesa para unos pocos.

Fui un niño frágil, cansadísimo. A veces me complacía algún hallazgo, en ocasiones cruel, como el deporte de quemar hormigas, oírlas crujir en un estertor bajo la luz centuplicada de una lupa.

Mis hermanos también eran pirómanos. Bajo soles intensos aguardábamos por un verdadero incendio, que se producía a pequeña escala cuando un papel chamuscado de pronto ardía. Eran periódicos con olor de hormigas.

Yo quemaría las piñatas del mundo.

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Foto: Solís y Libertadores, 26 dde septiembre de 2010.

6 comentarios:

Gino dijo...

Cuanta ternura en un miedo tan común en los niños, yo me apartaba, creo que hasta disfrutaba ver la apoteosis, la encarnizada lucha por unos dulces envueltos en papelitos de dudosa procedencia, me indignaba el acto en sí, pero era satisfactorio verme después, limpio, al lado de mis “amiguitos” que exhibían con orgullo unas manos muy sucias en las que brillaban como trofeos de una verdadera guerra, un par de caramelos y sí, si tenían suerte un lápiz, casi siempre roto.

Libélula dijo...

Uff Mi madre tenía la costumbre de vestirme siempre de blanco, hasta loa zapatos. Nunca me celebraron un cumplaños, pero sí me llevaron a un par, como siempre he odiado la violencia, las piñatas me parecen el regreso a los orígenes del canibalismo, (exagero) por eso me quedaba quietecito, porque si me ensuciaba la ropa, los golpes de las piñatas no eran nada comparados a los de mi madre. Siempre los padres del cumpleañero de apiadaban del niñito andrógino demasiado blanco, demasiado rubio, y me guardaban los mejores juguetes, llamándome aparte, yo me ponía contento con llevárlos a casa por mi hermana.

Ahora de grande, me encanta despeñarme entre confettis, llenarme de churre, restregarme en el suelo y explotar globos y robarle los caramelos a los niños, en el último cumpleaños, el de Jing, una niña de China vecina nuestra, con todo y mi pierna escayolada, me arrastré en el suelo y los niños reían...

¿venganza por una infancia modelo?
No, es miedo a crecer.

Por eso ahora me disfrazo de todos los colores, o si me duelen los pies, ando descalzo por en medio del asfalto y esas cosas, y pensar que odiaba las piñatas!!!!

Animal de Fondo dijo...

Comparto contigo, Maykel, el desinterés por los cumpleaños. Tampoco me gustan las piñatas. Lo que no puedo comprender es qué disfrutan quienes las organizan.

Noche dijo...

Feliz cumpleaños. SI,aunque no te gusten.

Jorge Bousoño dijo...

y YO me sumo a las FELICITACIONES en tu cumpleaños Maykel, este lunes 8 de noviembre!!!

Así que, con o sin "piñatas", apagaremos velitas y nos tomaremos varios tragos virtuales, como se debe para quien uno quiere y aprecia, deseándole todo lo mejor de este mundo y muchos años más; porque "la esperanza no es lo último que se pierde, sino, lo primero que se encuentra cuando todo está perdido".

Slds, Siempre, JB
[ElDuende] de AlasCUBA.

Maykel dijo...

Acabo de notar que escribí esta especie de diatriba contra los cumpleaños pocos días antes de celebrar el mío. ¿Coincidencia? De cualquier modo lo voy pasando bien, serenamente, como yo quería.

Abrazos a todos.