martes, 16 de noviembre de 2010

El amado inmerso

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Tras el descenso no reparamos en la gola del tiempo.
Íbanse contigo las luces húmedas del barrio inglés,
un sol ahumado por las chimeneas.
El pasamanos me dotaba de vacilación
-¡el soldado de los tableros vence!-
y el dedo turbio de la certeza
apuntaba a mi caída de alfil ceremonioso.

¿Y si no soy el bienamado tuyo a quién darme?

La carga de los dragones, delicados
caballeros de cascos lacios,
parece una escena sumergida.
Examinado desde el salón, sujetando la aridez mía,
todavía podría beberme
el vino quebrado de tus ojos.
Los dragones lloran oblicuamente sus aguas falaces,
empapan el gobelino con lluvia de nortes.

El bienamado hunde su gola bajo aguas negras.
Se oscurece la estación, oscurece bajo mi casco.

¿Si no soy el bienamado tuyo
cómo fijarme, anegado por cuáles aguas,
a la gola de otro tiempo?

Apenas asirme querría
para aguardar por el descenso y afligirte
como un soldado inmerso.

3 comentarios:

◊ Dissortat ◊ dijo...

"¿Y si no soy el bienamado tuyo a quién darme?"

¿Es duda o certeza?

Bellísimo, Maykel.

Maykel dijo...

Certeza inmersa.

Leonel dijo...

Amigo Maykel. gracias por haber pasado ayer por mi casa virtual, cierto que somos amigos.
He leìdo maravillado tu poema y tu certeza imersa me deja afligido.
Enhorabuena Poeta.Un abrazo.
Leo