lunes, 16 de marzo de 2009

Un novio en Playa Larga


Desembarcar en plena filmación de “El Mégano”, calzar los zapaticos agujerados de Nemesia, hacerse perseguir por el caimán y los jejenes del manglar, son para mí las analogías convenientes para ilustrar la excentricidad de tener un novio en Playa Larga y frecuentar a causa de un amor improvisado el húmedo corazón de la Ciénaga de Zapata.
X. –alguien muy cercano- conoció a un muchacho en un sitio “de confluencias” en la bahía de Matanzas. Hasta aquí una hermosa historia de esas azarosas que ponen sabor aventurero a los días inútiles. Lo convencional, sin embargo, sobrevino a las pocas horas, cuando decidieron intercambiar teléfonos, y, poco a poco, la historia fue agravándose, haciéndose melodrama. Algunos días después, conversación y suspiros mediante, se han hecho novios. El próximo capítulo está fijado para Playa Larga, en una base de campismo donde hay que echar las persianas temprano y darle un portazo a los mosquitos. Le zumba. X. irá con aro, balde y mosquitero. Ha revisado viejos atlas hasta descubrir que Playa Larga no es mayor que Viana, pueblo de esta comarca con nombre de principado portugués que no tiene más de tres calles. Los nativos, sin embargo, apuestan por la hipérbole: Jagüey Grande, Playa Larga; escenarios minimalistas. Un fracaso ahí sería irreparable para un bicho urbano. Si después de unas horas con el novio se agotan los temas trascendentes del escueto repertorio cenaguero, X. dirá sus cuitas a las estrellas.
Ah, ya lo sé, me lo han dicho: insensible soy. Pero un novio en Playa Larga es como el extravío de quien, hastiado de ladrar a la Luna se lanza a poseerla sin prever que la mordida se quedará en el aire y acabará siendo, mientras intente surcar el abismo, un satélite faldero de los astros.
X. tiene ahora un amor de carbonero que intenta poner las brasas bien hondo. X. espera que su novio sople en el horno. Profecía: X. no sabe que el muchacho es asmático, y en Playa Larga, el carbón es mercancía barata para vagamundos.

4 comentarios:

Libélula dijo...

"regresa... aun no eres Ulises, yo te bautizo, te bautizo como fuego, todos los fuegos el fuego..... y mientras tenga ramas secas el Bosque, te alimentaremos."

Así sussurró la sibila... gracias a los Dioses, estás. No te fuiste. Nunca te fuiste.

En los manglares de isla de Pinos, cerca de la Ciénaga de Lanier, yo también tuve un novio. Me regalaba pedazos de mármol brillante y saquitos con arena negra.

Ya tengo cómo saldar mis deudas para contigo.

Amor, mucho amor

Sibila

Adrián Quintero Marrero dijo...

Me parece muy aportador el comentario de Libélula. Ella fue a la Ciénaga. Tratándose de amores, o por lo menos de ilusiones (que hacen falta igual). Da lo mismo si se consiguen en la Calle del Medio (como Carilda), frente al Valle del Yumurí, o en cualquier otra parte.
Son ilusiones por las cuales habrá que arriesgarse, para -al menos- simular que no estamos muertos.
Noto que quieres provocar el debate más que nunca y tus lectores deberán tener muy claro que en, este caso, te muestras como un observador, pero un observador muy prejuiciado, tal vez por la falta de ímpetu para acometer ciertas empresas, o sencillamente, porque nunca las viviste.
Disculpa amigo, pero no puedo evitar apreciar cierto tufo de frustración en tu texto.
Probablemente X no haya encontrado el amor de su vida. Tal vez todo para él sea igual después de Playa Larga. Se sentirá mal por unos dñías, pero se alzará de nuevo. Y más tarde quizá vaya a la Sierra, al Turquino, o al Escambray. Buscará, buscará...Porque eso es la existencia humana: búsqueda constante...
Tú buscarás desde tu sillón..X tendrá fuerzas para correr.
La felicidad ni es un plato dulce, ni se sirve en establecimientos de cómida rápida.

Maykel dijo...

Gracias, Sibila, por aparecer con la historia conveniente, por ser la misma sibila... Por evocarme más historias.
Cuba te besa conmigo.

Adrián, no. No hay frustración. Sólo reflexión sobre la condición falsa y superficial de algunos afectos, sobre los amores cascabeleros y frívolos.
Y sí. Ya sé que soy el viajero inmóvil, a la usanza lezamiana: "Yo no viajo, por eso resucito".
Hasta mañana.

Maykel dijo...

Libélula, te estoy echando de menos hace tiempo: ¿Por qué no sacas esos yaquis y me enseñas a jugar?
Tienes que disculpar mis silencios.