martes, 24 de julio de 2012

El Dorado



Es un sitio casi abandonado en el camino de Isabela. Por carretera no lo anuncian, en el camino de hierro subsiste un letrero: El Dorado. Aquí hubo un ingenio. No recuerdo quién era el dueño, aunque creo que el mapa de Francisco Lavallé (1840) atribuye estas tierras a Howland, un norteamericano.

Cuando se viaja en tren y aparece El Dorado, ya quedaron muy atrás los muros sobrevivientes de Júcaro, antigua posesión de los condes de Vegamar. El poema de Francisco Pobeda (1796-1881) que describe la visita de un conde a su plantación azucarera se me figura una estampa acaecida en Júcaro: llega uno de los Drake a bordo del vapor Jején, desembarca y sigue hasta su ingenio para asistir al drama narrado en el romance de Pobeda.  El ingenio Vegamar, como tantos, poseía su propio cementerio. Me prometo volver a esas ruinas.

La última vez que fui en bicicleta por la carretera de Isabela no llegué a Júcaro porque me apuraba hallar San Jorge. En algún sitio de San Jorge está la momia de Augustus Hemenway, el dueño, o de su asociado Bartlett. Hemenway solo se basta para una novela: fue marino, comerciante, hacendado y filántropo; alguna vez lo secuestraron cuando regresaba a San Jorge y pagó un rescate por su liberación; se sugiere que acabó lunático en Boston, pero consiguió salir de la casa de orates  y volvió a Sagua la Grande para morir. Reconstruir la vida de Hemenway me ha costado años. También me debo un pequeño reportaje acerca de San Jorge. Fotografié, con los dedos enfangados, la laguna donde John Russell Bartlett (1805-1886) consiguió un caracol desconocido.

Decía Ramón Roa, el secretario de Sarmiento, que la Sagua del siglo XIX era como El Dorado o California. De este El Dorado, trasunto del célebre mito de la Conquista, quedan unas letras oxidadas.

2 comentarios:

Reinier Barrios Mesa dijo...

Otra vez tú y tus historias llevándonos a sitios enigmáticos. He disfrutado estas líneas que me recuerdan otros sitios visitados y que por cotidianos no nos hacen suspirar. Tú siempre consigues hacerme al menos a mi suspirar con estas búsquedas. Te abrazo desde unos Andes que te esperan... R

◊ dissortat ◊ dijo...

Cuando hablas de los ingenios siempre recuerdo los que aquí en el antiguo reino de Valencia también habían, solo que antes.

Saludos, amigo.