martes, 1 de mayo de 2012

La torre tras la maleza



Algo inquietante hay en la torre tras la maleza. Tampoco es una torre legítima: el edificio sostiene un depósito de agua; el enigmático soto que la hace inaccesible es un cañaveral, tan corriente en la llanura como las torres deshabitadas. Lo que tiene de inquietante lo atribuyo también al desamparo del paisaje: una sabana indistinta, semejante a sí misma en todos los fragmentos de la maleza. Yo, transeúnte casual, he de articular los sentidos que trascienden la materialidad de estas circunstancias. Pero, ¿debo intentarlo? Me resigno a no interpretar. Sí consigno, sin explicarme juiciosamente el porqué, que di con una torre inquietante.

Un amigo, antier, disertaba sobre poética. Todo arte, le dije, aspira a establecer pautas lógicas para lo caótico, quiere organizar el caos. El mundo carece de cualquier dramaturgia comprensible. Unos de manera consciente, otros sin determinar qué intentan, aspiran a una teleología. Revelé a mi amigo otra verdad sabida que a menudo perdemos de vista. Se lo debo a la torre cuya extrañeza no podré explicar.


2 comentarios:

◊ Dissortat ◊ dijo...

Tiene un algo promiscuo y morboso ese edificio rodeado de vegetación tan espesa. Algo que incita a buscar en su interior que imagino sucio y profanado...

Quizá salí de la cama excitado como un adolescente, amigo. No me hagas mucho caso.

Un fuerte abrazo.

Maykel dijo...

Hay algo sórdido en la espesura, sí. Y la torre es inverosímil...

Estuve a punto de aventurarme hasta allá; ahora no sabría explicarte por qué no lo hice.

Otro abrazo.