El campo desciende hacia el flujo desnudo,
culmina la bajada con una línea abrupta;
un puente cubre esa articulación
de sendos mundos inconciliables.
La música hiela sobre el campo.
El muerto y yo -reconciliados
y ciertos camaradas-, luego
de advertir que acude una tremolina
de horas y la enemistad
se resuelve con una oración
por nuestras almas,
deliramos juntos con el postrer asentimiento.
El asesino que soñabas te ha visitado
y ya se despide.
Has tenido una muerte
de soplos apacibles y tu ánima
sigue lejos de mí, lo mismo que vivía.
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Foto: Escalinata en el río Sagua la Grande.