viernes, 2 de julio de 2010

Violines del Leteo


Bajo el puente de Isla Verde, donde se vierte el Leteo y la memoria desciende sobre los violines hasta romperles el secreto de su voz doliente.

Asido a los cabellos inextricables de Rapunzel, ahí, compongo el violín extraviado por el maestro cantor que anoche encomiaba la virtud del Leteo y su negro alivio.

Por donde viaja el cisne wagneriano cae el buen Lohengrin, cae por oficio con su silueta mojada de impurezas. El paseante fuliginoso se quiebra una pierna y retira de sí el rostro de su hijo extraviado en una isla de asfalto.

Rapunzel me creyó príncipe de alguna dinastía afincada en un país áspero porque sintió cómo se hunden las espinas traídas de lejos, con cuánto dolor se hunde la música de las espinas en este jardín difuminado.

Rapunzel nunca fue princesa ni cedió los cabellos a nadie que no marchase, hábil cisne, hasta el puente donde caigo, como oficioso caballero, en el páramo de los violines impuros.

Foto: Arroyo de Contreras, desde el puente de la Concordia (1859). Cocosolo, Sagua la Grande.

2 comentarios:

Gino dijo...

Regresar solo, sobre un blanco cisne después de rotas las promesas, no sería mi salida, de ser un caballero del grial, hay aguas mas bebibles y no causan estragos en la memoria, me conmueve el azul de la flor más que el dorado interminable del cabello de la niña cuyas lágrimas devuelven la luz a quienes la perdieron.
Entre espinas y hadas va quedando Wagner, para el oído que vuelve aunque sea en un cisne.
Igual me pierdo.

Dissortat en l'exili dijo...

¿Dónde está el Páramo de los violines impuros?