viernes, 17 de julio de 2009

Good job, María

Puedo escribir, al fin me dejan solo. El ventilador cruje su monótona ronda, avienta los pliegues de la sábana, en vano intento disimular el calor. Lo que se me ocurre para sobrevivir a la fatiga mental que también produce la canícula es una reflexión sobre el subdesarrollo que no sé si acabará en el sarcasmo o la apología. Me entrego al placer de discurrir; con el permiso de Titón voy componiendo mis propias memorias como transpiración del cerebro caliente sobre el tegumento de la hoja.

Antier llegaron los tíos de la Florida. Se hicieron esperar tres años, respetuosos de los interdictos. Dejaron a los viejos con bastón y los hallaron a gatas; el hermano ha comenzado a perder los dientes –oh, delirio de la aprehensión- ¿por morder el aire?; los que eran adolescentes ya se aparean como animales felices: uno de ellos, cuerpo grueso de reciente padre de familia, ha traído a la esposa, y no se sabe, a causa de la hinchazón de los vientres, cuál de los dos está encinta; la pequeña también se casa en el transiberiano Camagüey con un muchacho “feo y bueno”. Esta es una característica muy propia del subdesarrollo: la predictibilidad. Después de tres años todos siguen en la misma casa, dedicados al oficio siempre noble de sobrevivir, cetrinos por la cicatriz que deja el sol. En el subdesarrollo el sol nunca broncea como en los balnearios, amarillea y cala hasta los huesos.

La tía llegó tarde. La esperábamos a las once y apareció después de la una, en la madrugada. Comentó con satisfacción que “las calles están iluminadas”, y “han arreglado algunos parques”, y por último, que “hace calor, pero no hay apagones”. La tía es una mujer de elegancia natural, vive en Miami sin saber inglés; cuando su jefa, amodorrada, le dice “good job, María”, la tía sonríe y encoje los hombros.

El tío, por su parte, es un viejo lúcido. El fragor de los años ha sido ensordecedor y ahora disfruta la felicidad de escuchar sólo lo que interesa. Diserta sobre las paradojas del desarrollo: hay cerveza pero apenas se puede beber porque, dicen, “hace daño”; cualquier acto banal puede acarrearte una demanda; los impuestos de la gente común se usan para fines sórdidos. “El capitalismo es inhumano”, sentencia el tío, “el socialismo” –añade- “es la piedra trasnochada en el moropo de un visionario”. “Fidel es un genio” –ironiza-, “ha llenado Miami de cubanos productivos y talentosos para atenuar con la plata ganada en el Norte el subdesarrollo antiguo de la Isla”. El tío conoce bien el subdesarrollo y añora la ingenuidad del bon sauvage. Los hijos, cultivados antaño en escuelitas públicas bajo el juramento de “ser como el Che”, educan hoy a sus vástagos en escuelas privadas. Los hijos le reprochan que ande sin camisa, descalzo, o que use palabras como “moropo” y otros cubanismos incomprensibles. Los nietos apenas entienden su pintoresco lenguaje. El tío, jubilado por los yanquis, quiere volver a Cuba en unos años, a morirse aquí. Hay una sutil amargura en lo que dice, en lo que bromea mientras progresa la tertulia de los cubanos de ambos lados del estrecho.

El subdesarrollo es una planta amarga, parásita, que a veces crece en el tallo de la nostalgia; el desarrollo, por su parte, no es tal más que de nombre: nunca equivale a un estado de plenitud espiritual.

Al día siguiente, el subdesarrollo todavía me duele más. Como una vena impenitente me late en la sien. En contraste, todos andan jubilosos: ha llegado el instante paroxístico de recibir los regalos, la tómbola miamense de la compasión neoburguesa hacia la parentela pobre.

La Pequeña Ingeniera, flamante casadera, modela nueve o diez blusas, propone canjes, no cesa de repetir “lindo, lindo, lindo” y “qué toque me voy a dar”, muestra los tesoros a la amiga, a la prima, y a la mejor amiga de la amiga; el Nuevo Papá se frota las manos, frota las de su esposa, frota los brazos del sillón: hay una ropa de bautismo primorosa ahí, el bebé no carecerá de nada, bendita providencia que provee…

Todos charlan, beben, sueñan.

El subdesarrollo es un éter costumbrista que calienta el moropo mío y me trastorna con “un toque” tan ambivalente que no sé si escribir una diatriba o un panegírico, pero lo escribo. Good job.

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7 comentarios:

Libélula dijo...

y pensar que por una llamada de teléfono, no vivo en miami.

No creas todo lo que ves, mi viajero, lo esencial invisible a los ojos es.

Mi hermana en Cuba tuvo DVD, cámara digital e Ipod antes que yo acá en España. El Subdesarrollo de Cuba es en realidad un pretexto. El supuesto "desarrollo" del capitalismo es otro pretexto. Al final donde las dan las toman, y lo importante señor, sigue siendo sembrar amor...
Te comprendo viajero, te comprendo... lo siento tanto.

Animal de Fondo dijo...

Pues uno de los problemas que yo veo en el subdesarrollo, y que no me gusta tanto, es como un orgullo que impide que el que se va vuelva como derrotado. No sé, pero aquí en España veo a emigrantes, que piden infinito prestado para volver unos días a su país. Supongo que intentan reflejar su propio sueño, pero lo que no me entra es por qué piensan que los vamos a querer más de esa forma. La fragilidad siempre es adorable porque es lo más nuestro y, a menudo, estas personas la esconden.

Maykel dijo...

Pues para mí, que vivo en el seno del subdesarrollo, se torna, más que un concepto que atañe a la economía, el trasunto de cierto raquitismo en el intelecto, cierta ingenuidad, falta de perspectiva, pequeñez...
Que me perdonen si resulté sarcástico arriba.
Entre tanta anécdota y hojarasca de las circunstancias, debe prevalecer el acento doloroso de mi inconformidad, la protesta...
Un abrazo a cada uno de los que pasen.

Joel dijo...

Hola Maykel, disculpa que me lo tome tan personal (quizás porque me toca de cerca el tema), pero cuando mencionas la “fealdad” del novio/esposo de tu hermana: “feo y bueno”, ¿a qué te refieres? Lamentablemente la gran mayoría de nosotros nos dejamos llevar por el aspecto físico de las personas sin conocerlas ni profundizar qué hay en su interior ¿Te refieres a esa “fealdad”, la física, la efímera? No creo que ese tipo de “belleza” sea la que se deba tener en cuenta a la hora de elegir una pareja, así que en este caso creo que tengo que Felicitar a tu hermana por elegir a uno “feo y bueno”.
El hecho de que discrepe (o no) contigo en este punto no significa que no me guste tu blog. Creo que está muy bueno y por eso, si no te molesta, me mantendré en contacto.
Espero tu respuesta.

Maykel dijo...

Pues te respondo. Tienes razón en todo, aunque si revisas arriba notarás que ambos calificativos de tono condescendiente están entrecomillados. Traté de sugerir en ese párrafo las impresiones que pudieron tener los recién llegados; la ironía después se torna amargura, y es ahí donde de veras uso mi propia voz.
Hay matices que debes en cuenta. También creo que ella eligió bien. Ojalá esta respuesta te satisfaga. En cualquier debate sobre la oposición belleza/fealdad, interior/exterior, siempre cito a Martí: "quien tiene mucho adentro necesita poco afuera".

Un saludo para ti.

Joel dijo...

Qué bueno que coincidimos!! Aunque lo sabía, pero quería que corroboraras tu posición públicamente.
He hecho una buena elección.
Espera más opiniones, al fin al cabo, también tengo protagonismo en tu blog no?

Joel dijo...
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