sábado, 18 de abril de 2009

La noche que hablé con Cintio

La noche que hablé con Cintio me temblaba la mano. Yo quería escribir una nota sobre el aniversario ciento veinte de Medardo Vitier y desde siempre tuve aquella duda sobre el origen del filósofo: ¿Medardo había nacido en Rancho Veloz? ¿En Quemado de Güines? Las fuentes confundían ambos pueblos de la antiquísima comarca sagüera. Tal vez hubiera podido resolver el pasaje de mi reseña en otro lado, pero suele ocurrir que un dato banal propicie sorprendentes epifanías. La idea inconcebible llegó del amigo de un amigo, uno que trabaja en la radio y no sé cómo consigue reunir tantos teléfonos, tantas señas… ¿Quieres hablar con Cintio? Con Cintio, el origenista, el amigo de Lezama y de Gastón Baquero, el condiscípulo de Eliseo Diego, el esposo de Fina García Marruz; el Poeta. Hablar con Cintio, el autor de “Experiencia de la poesía”, de “La luz del imposible” y de “Vísperas”. Hablar con el gran exegeta de Martí. De pensarlo siquiera ya me sentía enmudecer. Al hablar con Cintio por un misterioso hilo que me remite a lo más hondo de la cubanidad habría de llegarme también muy cerca de Lezama y de Martí, y no sólo de ellos, también debería experimentar la cercanía de Jorge Mañach, Juan Ramón Jiménez, Thomas Merton; con todos se relacionó Cintio; de ellos fue discípulo, colega o amigo. Finalmente me atreví.

- Buenas noches. ¿Cintio?
- Sí, dígame…

¡Qué silencio! ¡Cuánto por decir que era indecible! Pero hablé. Le conté de las dudas sobre el pueblo de origen de Medardo Vitier. Indagué sobre el paso del filósofo por Sagua, sobre su magisterio en la Universidad Central. Supe por Cintio que Medardo nació en el ingenio Merceditas, en las cercanías de Rancho Veloz, una de tantas fábricas de azúcar que entonces hacían opulento al norte de Las Villas. El abuelo de Cintio, carpintero de oficio, estaba contratado en el Merceditas cuando le nació un hijo que sería maestro y filósofo. En “De Peña Pobre”, Cintio lo llama así: El Carpintero. Evoca una mesa levantada por sus manos. Lo supone atónito frente a una fila de animales tan larga como durante la creación del mundo. Cintio me dijo que sí, que Medardo fue cesanteado por el gobierno de Machado y para ganarse la vida salió por Cuba a dar conferencias. También vinieron a Sagua. Cintio, que era pequeño, acompañaba a su padre. Ya lo suponía: en esos días también recibimos a Lorca. Mientras hablábamos y tanto pasado perdurable me oprimía la frente, sentí que todo ya estaba escrito en alguna parte y que si era una sensación tan estremecedora escucharlo de la voz del poeta no debía permitirme que aquel relato se pronunciara sólo para mí. Hubiera querido pedirle una entrevista formal acaso, o grabarle a hurtadillas sin que lo notara; no me atreví a solicitar tanto. Todo fue tan breve como cualquier tránsito; el final advino sin anunciarse; me despedí. ¡Cuánto afecto experimenté por el joven poeta que una vez habló del magisterio de César Vallejo y José Lezama! ¡Cuánta veneración por aquel a quien Juan Ramón vislumbró en 1938 “alma y carne sitiadas por lo desnudo”!

Me despedí y aguardé para escucharlo colgar: ¡cómo temblaba al depositar tanto peso de la memoria la mano del viejo poeta!

5 comentarios:

Animal de Fondo dijo...

Estás que te sales en las últimas tres entradas. Yo también tengo ganas de encontrarme con ese libro, pero, para mi vergüenza, te diré que me quedé a medias el año pasado con la edición de Cintio de Alca de Paradiso. Estaba a todo leer cuando me pasé de las letras a las obras, para desguace paulatino de mis afectos; sí pude comprobar que muchas de las palabras a las que yo había buscado secretas y extrañas justificaciones (¡como no caer en la vulgaridad de escribir lo evidentemente correcto!) eran simplemente erratas de Lezama que, por lo visto, aseguraba que había repasado las galeradas cuando nunca estuvo en su intención hacerlo.
En fin, me gustó lo de las ranas y me gusta tu llamada telefónica. Por mi parte, siempre me quedo con las ganas de que nos cuentes aventuras raneriles, más porque son personales y te sacan del enigma que por otra cosa.
Un abrazo y perdona la sintaxis.

Libélula dijo...

Dónde estás?

Mi "desencuentro" con Cintio fue terrible. Durante una feria del libro donde oficiaba de diletante periodista, escribí un artículo para el periódico de la feria y en vez de poner su nombre puse el de Augier. Todo por querer hacer muchos trabajos en un solo día.

Ya lo decía mi tía, "no puedes montar dos caballos con un solo CxLx")

Por suerte todo se arregló gracias a Basilia Papastamatíu, que se culpó a sí misma por no haberlo editado, estoy en deuda con ella desde entonces.

Cintio se rió mucho.

Libélula dijo...

P.d Por cierto, me gustaría que nos escribieras sobre Mary Cruz. Te conté que fui librero? La conocí cuando trabajaba allí, en el Palacio del Segundo Cabo. Estuvimos charlando un rato, me hizo mucha gracia porque comencé hablando con ella sin saber quién era hasta que Augier se acercó. Ella fue a darme su dirección en un papelito para ir a visitarla y darme unos libros y con el nerviosismo terminó dándome un autógrafo y una "bendición" para mis por entonces nacientes escritos.

También fui bombero por error cuando el servicio militar. Pero ya esa es otra historia.

Creo que en 27 años he vivido más de una vida.

Te extraño

L.

Maykel dijo...

Francisco, de verdad que cuando escribí sobre el hallazgo de "Ese sol del mundo moral" te imaginé leyendo ese libro. Es la clase de libro que te gustaría leer, a causa de su apego a la idea de justicia.
¿Tú conocías a José de la Luz y Caballero?
Fue un placer reencontrarlo en las palabras de Martí colectadas por Cintio.
Este año publicaron también la poesía completa de Fina García Marruz. Tiene maravillas.

Un abrazo para ti.

Maykel dijo...

Libélula, tus andanzas son semejantes a las mías. Yo también escribía el diario de la feria en mi ciudad. En cuatro pequeñas páginas intentábamos resumirlo todo. También éramos felices diletantes. De aquel juego recuerdo con nostalgia mis conversaciones -que no entrevistas- con Nancy Morejón, Pablo Armando Fernández, Lina de Feria... De Mary Cruz conozco el prólogo a las "tradiciones" de la Avellaneda, el famoso estudio sobre Creto Gangá y una novela de tema precolombino o algo así... No la conozco más, pero ya me cae muy bien gracias a tu anécdota.

No me extrañes tanto, que yo no me pierdo nunca; siempre rondo, aunque me apropie del silencio.

Un beso en la mano que teje...