viernes, 4 de abril de 2008

Otras jónicas: una capilla



En la primera lectura de Marcel Proust -inmerso para siempre ya en el placer de la reminiscencia- disfruté su pasión por las iglesias. Los vitrales de Combray, un ábside. El sueño siempre inasible de Balbec, cuyo gótico tiene algo de persa. La iglesia cubierta de hiedra que revelara luego en un paseo la marquesa de Villeparisis. Los campanarios de Martinville, el enigma de unas torres que pueden obligar - apuntándonos con el dedo- a describir su misterio; este es el germen de la búsqueda del tiempo: el imperio de unas torres, poderosas, inmensas en la lontananza; la pregunta que sugieren esas torres ante el viajero que muda de perspectiva a cada paso y las observa con fijeza.

Pero yo he tenido una fortuna que no soñó Proust, ni en sus noches más delirantes: he descubierto una iglesia.




Desconcertado lo consigno aquí, porque no pensé que pudiera disfrutar nunca -remoto casi el siglo diecinueve, época de los últimos hallazgos del hombre- esa sensación extraña y jubilosa del descubridor. Hay una iglesia en el patio. Y lo digo con el mismo asombro con que pudiera decir que un sitio desolado se torna, de repente, en posesión sagrada.
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Así sucedió: iba por una de las calles polvorientas de la periferia cuando noté un cuerpo insólito entre tantas casas de bajo puntal; un edificio ecléctico, nada majestuoso, con pórtico alzado por cuatro columnas me atrajo. Aficionado a las jónicas, me acerqué para ver los capiteles. Ni siquiera la silueta ojival de las ventanas -a la manera gótica- me sugirió que se trataba de una iglesia. Un individuo vino a preguntar si buscaba a alguien. "Sólo entré a mirar" -dije- y eso bastó. Rodeé el edificio. Había una lápida. Las columnas parecían sostener el cielo desde abajo, desde el reducido atrio. Es una iglesia, verifiqué. Quise asomarme adentro, sentí el imperativo, de mirar; ver los despojos de la antigua liturgia, tal vez un altar que permanece incólume en la sombra, a salvo del tiempo. La puerta parecía sellada desde siempre: no había cerradura. Recordé los resortes mágicos de ciertas historias para estos casos: unas palabras, la respuesta de algún enigma, un chasquido, otra esfinge. Pero no había portero, tampoco llaves. Mi interlocutor del principio también había desaparecido. Entonces descubrí un agujero, único hueco en la madera. Negro. Cósmico. Puse mi ojo, y, mientras la tiniebla empezaba a replegarse sobre los recodos más oscuros del recinto, pude descubrir -no el caos, ni el sueño de una ceremonia de reliquias vencidas por el silencio- sólo una fila, y otra, de terrible materia inmóvil y sujeta a la matemática. Me sentí profanado yo mismo: dentro de la iglesia sólo habita lo estático, la inútil acumulación, lo inerte: ya no será templo, siquiera ruina habrá, que sería sobrevivir en la dignidad de la ausencia: sólo es un almacén.
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10 comentarios:

Libélula dijo...

Querido Viajero, es hermoso que hayas encontrado un templo, aún cuando este sea hollado por mercancías. Esto me recuerda el pasaje bíblico de Jesús y los mercaderes del Templo.

Más que viajero, te me revelas como peregrino.

Esto que has descubierto es un ejemplo de nuestro Templo interior, a veces "almacenamos" cosas inútiles que creemos servirán un día, y que a la larga terminan por velar la luz de nuestras columnas, la sacra luz.

¿Porqué un día de estos no visualizamos nuestro templo interior y nos contamos qué vemos allí? Te incito a ello.

A esto llaman muchos meditar, peregrinar hacia dentro.

Yo, cada día agarro un escoba bien grande y un cubo con agua voy limpiando habitaciones, baúles, desempolvando cosas vividas y revividas, usadas, y voy haciéndolo nuevamente templo, refugio de mis peregrinajes y de los ajenos. Pero es un trabajo muy largo en el tiempo, nuestros templos interiores cambian cada noche cuando morimos para el mundo, y al amanecer siguiente encontramos nuevas maravillas o nuevas telarañas. No obstante se adquiere cierta práctica y con el tiempo no necesitaremos de escoba, bastará con un pensamiento.

La isla es también un templo que almacena cosas, pero la Isla es distinta, cuando despierte de su letargo, desempolvará sus templos con un sísmico temblor y habrá que reconstruir mucho.

Es bueno que vayas dejando memoria dentro y fuera de ti, servirá de mapa.

Sigue peregrinando, hazlo por los que no podemos andar por la Isla salvo con las alas del Ser.

Tus saludos fueron dados a mi paje pero estaba tan sumido en mordisquear un hueso de ballena que apenas movió las orejas.

"Yo tengo un paje muy fiel
que me cuida y que me gruñe,
y al salir, me limpia y bruñe
mi corona de laurel.
Yo tengo un paje ejemplar
que no come, que no duerme
y que se acurruca a verme
trabajar y sollozar.
Salgo, y el vil se desliza
y en mi bolsillo aparece;
vuelvo, y el terco me ofrece
una taza de ceniza.
Si duermo, al rayar el día
se sienta junto a mi cama;
si escribo, sangre derrama
mi paje en la escribanía.
Mi paje, hombre de respeto,
al andar castañetea:
hiela mi paje, y chispea:
mi paje es un esqueleto."

Te quiero y mucho,

Libélula

Libélula dijo...

"Peregrinando" en la internet, buscaba algunas cosas del Bola, Lecuona e Ignacio Cervantes, y di con esto..

http://www.youtube.com/watch?
v=Sjjaz2JcE_Y&feature=related

te lo dejo como regalo, sino es que ya lo habías descubierto antes.

Un abrazo de Isla, hoy lloré por ella, regresaré algún día?

Rey Mono dijo...

La labor del "flaneur" benjaminiano siempre otorga recompensas insospechadas. Hace unos cinco años, vagaba por las ruinosas calles de Palermo en una noche de diciembre. De pronto encontré la silueta de una iglesia grande, casi una catedral. No me resistí e ingresé. Sin embargo, no estaba preparado para la mejor sorpresa: era una iglesia abandonada, en ruinas, cuyo techo estaba formado por el cielo siciliano. Las estrellas invadían la noche de la iglesia dotando de otro sentido, acaso más profundo, el simple acto de mirar hacia arriba en un templo...

Maykel dijo...

Libélula,
!Sigues mostrándome "coincidencias"!
La inmaculada es la patrona de esta ciudad ausente de sí -y de mí- donde he vivido todo el tiempo que no te veía. En el altar principal de la parroquial mayor -en marco neoclásico- hay una inmaculada barroca que parece estar volando, o a punto de volar. Los primeros que llegaron hasta aquí, en las últimas décadas del siglo XVIII, decidieron que era la Inmaculada la madre perfecta para velar por el dominio en los próximos dos siglos. El 8 de diciembre de 1812 consagraron el primer templo, con la venia del obispo de Espada, el más grande prelado que tuvo Cuba.
A veces me gusta pasar bajo los arcos de la iglesia, hasta la nave central, para mirar de frente a la Inmaculada, tan parecida a las que pintó Murillo. De niño gustaba de repetir las letanías lauretanas; siempre han encarnado para mí la misteriosa poesía de lo responsorial: mater inviolata, rosa mystica, estrella de la mañana, ora pro nobis, ora por nosotros. Por ti y por mí, para que nos veamos un día en la Isla de los dos -con tu paje voraz- y sobre todo para que hoy yo pueda caminar todavía en tu nombre.
Me toca darte la bendición: es un beso. Te quiero, sépanlo en su aureóla las estrellas...

Maykel dijo...

Rey Mono, no sabes cuántas habitaciones humana veo cada día en una suerte de penitente intemperie. Creo, con María Zambrano, en la filosofía de las ruinas, en la herencia de mirarlas para ver cómo se pueblan. Creo que la poesía nace precisamente en la certidumbre de intemperie.
Sigo de peregrino.
Un abrazo.

Libélula dijo...

Bendito seas peregrino, por las coincidencias y porque la Diosa en su aspecto de la Virgen, te acompaña.

Por estas tierras han habido días de muchos cambios, de hogar, de rutinas.. y ando re-acomodando este templo que soy a las nuevas energías. Por eso no me he asomado a tu ventana hasta hoy.

Esperamos tu poesía, peregrino, recuerda tu templo, ve hacia él. Recuerda que me debes una ronda de juegos de yaquis.

Un beso muy grande, te bendigo

tu Libélula

Noche dijo...

Siempre es emocionante hacer un descubrimiento,incluso cuando el resto del mundo nunca se entere...

Maykel dijo...

Libélula, haz que el nuevo templo sea tan confortable como el antiguo, para que yo no eche de menos, consabida esta costumbre mía de preferir lo ido. Se me olvidaba agradecer los versos de Martí. Ya me hago idea de tu paje.

Noche, el encanto de estos descubrimientos es precisamente que permanezcan velados, como encriptados, y que haga falta una clave para descifrarlos y otra para comunicarlos. Luego, explorado hasta el fondo su misterio, se preservan íntegros en esa intocada condición, como nuevos descubrimientos dispuestos a dejarse ver por los que me leen aquí.
Un beso para ti, al centro de esa oscuridad.

Libélula dijo...

Peregrino, acabo de venir de ver a la Inmaculada en uno de los templos de la esquina de casa. ( hay muchos por acá) Siento no tener cámara digital para regalarte imágenes de mis peregrinaciones, pero ya me haré de una y te enviaré una colección de vírgenes valencianas, y si me dejan, una foto del Santo Cáliz o, el que dicen los documentos papales "es el de verdad verdadero" y que está bajo siete llaves, gruesos cristales y burujón de alarmas, pero luce la belleza de su misterio rojo, y deslumbra por lo antiguo. (Del brazo de San Vicente Mártir no te he de enviar fotos, hay reliquias más destacadas y para momias las del Cairo y este, con perdón del santo, parece estofado de cerdo lleno de limo y yo soy lacto-vegetariano). A la tierra lo que de la tierra vino.

Es cierto, estaba leyendo los comentarios anteriores del blog de Noche y te habías adelantando al No-Cumpleaños, jajaja, eso nos pasa por ser criaturas de isla, siempre coincidiendo, ya lo dice la canción de Alberto Escobar:

Soy vecino de este mundo por un rato,
y hoy coincide que también tu estas aquí
coincidencias tan extrañas de la vida
tanto siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir.

Si navego con la mente en los espacios
o si quiero a mis ancestros recordar
agobiado me detengo y lo imagino
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir.

Si en la noche me entretengo en las estrellas
y capturo la que empieza a florecer
la sostengo entre las manos mas me alarma
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir.

Si la vida se sostiene por instantes
y un instante es el momento de existir
si tu vida es otro instante no comprendo
tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir.

Un beso muy grande, y tranquilo, mi templo en su esencia es siempre el mismo desde su creación, así que imagina cuán antiguo es! Puedes peregrinar cuanto y cuando quieras, te esperaré sentado en la escalera de entrada, disfrazado de sombrerero loco o de conejo blanco, me encantan los disfraces, siempre que puedo, salgo de incógnito lleno de chécheres y andaribeles. Creo que es algo que me viene de cuando conocí a Neruda en Isla Negra, yo era por entonces un mascarón de proa.

Libélula dijo...

P.d Feliz No Cumpleaños!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Tenemos pastel de guayaba, churrupio de galleticas y champola de chirimoya!

Las cadenetas las haré esta tarde, tengo que pedirle a mi abuela harina de castilla para hacer el pegamento.

ppd. ¿Vamos a montar columpio hoy?