martes, 4 de enero de 2011

Nunca supe qué hacer con mis manos

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Nunca supe qué hacer con mis manos,
dónde ponerlas cuando parece que sobran
y pudiera colgarlas de un clavo
y dejar que se seque la lluvia
que las inunda de fervor.
En el muro aparecen perfiles verdes.
Las lucetas nevadas sugieren rostros de vidrio
que yo podría acariciar si mis manos fueran
cristales de hierba.
Pesan en los bolsillos como rocas
buenas para hundirme si me adentrara en las aguas
con ellas encima.
Crujen de tanto reposar;
al menor gesto dejan oír su fragor de ruedas rotas.
Mis manos iban sostener el principio
de un universo pero se hizo la noche
y las oscureció.

3 comentarios:

Félix dijo...

Maravilloso poema. Al menos con esas mismas manos de acariciar no estás construyendo escuelas... (desde un punto de vista microbrigadista, digo.)
No te metas al agua con ellas en los bolsillos, corres el riesgo de acabar como Virginia Woolf y no es de agradecer.
Y que no reposen tanto, para que nos sigan dando poemas como este.
¡Feliz Día de Reyes!
Un abrazo grande.

◊ Dissortat ◊ dijo...

Félix no podría haber expresado mejor lo que este poema me dice.
No dejes de escribir tanto de día como de noche.

Un abrazo

Noche dijo...

hermosas manos,hermoso poema..