martes, 5 de mayo de 2009

El fantasma Nikolis

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Pienso en el Nikolis cuando sueño con barcos. Una silueta gris que parece moverse hacia al puerto o lejos del puerto, el rumbo depende de los deseos del que mira. Para mí siempre viene; vuelve a la Isabela desde alguna tierra en las antípodas. Alguna vez llegó para despedazarse en este cementerio de naves olvidadas. La bahía de Sagua la Grande retiene más cuerpos sepultados que vivientes. Cuando hice la lista preliminar de los buques perdidos en siglo y medio de travesías, un amigo observó: “es otro triángulo de las Bermudas”. Quizás. Yo creo que nos tocó un puerto difícil, odiseico, plagado de escollos y bancos de arena, insondable por los secretos. La entrada principal, significativamente, es la Boca de Maravillas. La maravilla del llegar a algún lado después de rebasar el Mar de los Sargazos, tantos estrechos de islas y el Atlántico de los monstruos de Colón; la maravilla del cumplimiento, la confirmación de que salimos destinados a llegar.

El Nikolis llegó una tarde de temporal, solicitó entrada, la capitanía respondió que no podía auxiliarlo. El Nikolis se empeñó en entrar; casi era fantasma. Se rumora que detrás de la maniobra hubo una estratagema de los griegos, ávidos por cobrar las primas y los seguros. Fue abandonado a los pocos meses en el puerto. Venía desde Europa a cargar azúcar de Cuba. Era un mercante de buen porte construido durante la II Guerra Mundial en astilleros norteamericanos por encargo británico. Entonces se llamó “Rusell Sage”, como el banquero neoyorkino. Un “Liberty” botado al agua con prisa para sustituir los buques que perdía el Almirantazgo a causa de los submarinos alemanes, navegó durante años bajo diversos pabellones, y a la hora de su destino fantasmal llevaba nombre griego. Iba de un Pireo a otro para morirse, hubiese dicho Jorge Mañach (“Como Atenas tuvo su Pireo, Sagua la Máxima tiene su Isabela, que es su puerto todo el año, su balneario en la canícula.” -Glosario, 1925-).

He revisado el diccionario de mitos y símbolos de la Escuela de Tartu, a ver si hallo razones para mi obsesión por los barcos… El artículo de N. Erofeeva es enjundioso: habla de barcas y de muertos, barcos como representación del vientre materno, barcos para ir y venir de los infiernos, barcos condenados a moverse tripulados por la Muerte. Existe también la creencia del viaje como expiación: Lady Pvensey prometió enviar un exvoto a Tierra Santa en una galera náufraga que no ha dejado de navegar desde entonces; un capitán blasfemo fue condenado al perenne viaje hasta la redención: el Holandés Errante. Ningún puerto que se respete debe carecer de sus propios barcos fantasmas, sierpes marinas y leviatanes. “Conviene darle cuerpo al misterio para conjurar el miedo a lo vago”, se me ocurre inferir.

Muchas veces he ido a la costa a henchirme de aire. El Nikolis es una silueta fantasmagórica que navega hacia mí. Sueño con barcos que navegan hacia adentro.
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8 comentarios:

Yolanda Molina Pérez dijo...

Me asustan los barcos,no sé exactamente si por el abismo acuoso y mi incapacidad de trasladarme en él o por la no menos terrorífica posibilidad de encontrar puerto...
Saludos.

Yordy "Libélula" dijo...

También yo sueño con barcos. Desde niño para visitar a mi familia de Isla de pinos, tomábamos uno todas las vacaciones. Mi madre y yo solos, el océano. No nos gustában los camarotes, preferíamos la cubierta, sentados en una manta mirando al mar, las gaviotas glotonas y cantando.

Es el post más hermoso que he leído y eso que es difícil no enamorarse de tu mano.
Un beso enorme

La Polémica dijo...

Hola, como le afelta a ustedes las nuevas medidas de aseso al IterNet?

saludos cubanos

Maykel dijo...

Asusta el abismo, tienes razon. Ahi reside el encanto de los barcos: en esa combinacion de abismo y resistencia. Creo que por eso me gustan, porque siempre hay puertos... Es paradojico que siendo insulares sepamos muy poco de barcos y travesias.
Un abrazo.

Maykel dijo...

Yordi, cuando yo era chiquito siempre jugaba con un barco grande, de plastico, en una bañadera vieja que teniamos en el patio. Me encantaba hacerlo naufragar y flotar otra vez. Recuerdo en ese mismo puerto de Isabela otro barco inmenso en el muelle de Alfert hace tantos años...

Tengo vocacion de naufrago.
Un beso, mi sibila.

Maykel dijo...

La Polemica, a cuales medidas te refieres exactamente?
No sabia que tuvieramos alguna nueva medida...
Se mas preciso.

Saludos.

Xawa-on-wave-river dijo...

Sigo disfrutando de sus articulos,
Mister Maikel

saludos

Maykel dijo...

Míster Xawa, en verdad soy yo quien disfruta la coherencia de tu hibridez lingüística y esas apariciones esporádicas. Hibridez que nos define cada vez, inclusive a los aparentemente puros bichos monoculturales como yo mismo, con mi nombre híbrido.
Pienso en Kicito y su abuela, en mis primo de Jayalía, que nos parecemos y nos entedemos bien gracias a la raíz...
Un abrazo, para ti y para esos coterráneos míos que ahora admiro: Roberto, el de la palabra sincera y caústica; Falero, el de la Judith que alza un haz de cañas en el huerto bíblico de Booz en las márgenes del Sagua River de la undosa comarca ribereña.