domingo, 20 de julio de 2008

La cofradía de Bomarzo

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Puesto en el trance de confesar la paternidad de la idea, he de decir que la hermandad de Bomarzo no es ocurrencia mía. Alexei Ruiz, arcipreste, sugirió su fundación hace años, cuando todavía yo no había conseguido penetrar en el Sacro Bosque; entonces, Vicino Orsini no representaba para mí el arquetipo que luego vino a ser, el símbolo carnal de nuestra búsqueda, una alegoría corpórea de nuestro andar infatigable en pos de la justificación y el entendimiento de la propia naturaleza dispar y sedienta.
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¿Quién fue Pier Francesco Orsini, duque de Bomarzo? La pregunta remite a un universo de desdoblamientos: fue un aristócrata renacentista, un asesino, el jorobado ridículo que sus hermanos hermosos escarnecían, el extraño escarnecedor del tiempo, el mago, el constructor de un tortuoso jardín sembrado de marcas esotéricas.
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He acudido a las páginas de Bomarzo en tres ocasiones; la primera casi me cuesta un canje ominoso: mi cuerpo por el libro; mi alma por la gracia de leerlo. Sin conocer a Orsini, asumí cierta amoralidad renacentista, y lo obtuve. Han transcurrido después de aquella lectura poco menos de diez años.
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Cuando supe que la novela de Mujica Lainez era una biografía, naturalmente desconfié. No supieron explicarse; debieron decirme, con más precisión, que Bomarzo es una autobiografía; la disección de un alma realizada por sí misma: el autor y el narrador asumen el mismo rostro, y la asunción es absolutamente verosímil. El horóscopo de Sandro Benedetto prometía inmortalidad al duque, aunque no precisaba la naturaleza de su eternidad; me parece más misteriosa la profecía de la monja de Murano: "después de un tiempo que no lo mide lo humano, el duque se mirará a sí mismo". Esa mirada transepocal, a manera de examen totalizador hecho al margen del tiempo, es el libro que ahora se nos permite leer; la justificación por el arte, como en una claúsula de la filosofía de Schopenhauer, que habrá de sacralizar y eternizar definitivamente la desgarrada existencia del jorobado que consiguió vencer al tiempo.
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¿Por qué, me preguntará algún lego todavía no convertido a la certidumbre de los cofrades de Bomarzo, sitúas a Orsini en los altares de la veneración y te descubres ante su rostro? Error: no me descubro ante su rostro, sino en su rostro. Siento en mis rectas espaldas la pesadez de su joroba; en mi andar, su cojera; en mis sueños, la venganza de la inmortalidad que reside en la obra, en la piedra, en el olvido...
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Estos son los únicos requisitos exigidos para ingresar en la cofradía de Bomarzo: reconocerse en el escarnio, en el objeto del menosprecio del mundo; empinarse para vencerlo -al mundo- a costa de cualquier rubor; tropezar, beber del cieno; buscar la luz en la tiniebla más densa, asumir que nunca se le ha visto aunque el sol hiera las sienes; por último, confiar la salvación a lo más telúrico que nos habita, a ese monstruo de adentro que no puede morir y es capaz de hacernos engendrar un poema.
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Un libro de rocas. El bien y el mal en un libro de rocas. Lo mísero y lo opulento, en un libro de rocas. Lo que me había estremecido de dolor, de ansiedad, la poesía y la aberración, el amor y el crimen, lo grotesco y lo exquisito. Yo. En un libro de rocas. Para siempre. Y en Bomarzo.
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Con la venia de Alexei Ruiz, declaro constituída la cofradía. El que se atreva a dejar lo circunstancial fuera, que avance hacia la garganta del Orco.
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6 comentarios:

Yolanda Molina Pérez dijo...

Maykel: ¡Con lo escasa que estoy de tiempo y me tiendes estas trampas!, Bomarzo es una lectura a la que siempre se vuelve con placer, encantada de encontrar nuevas coincidencias, me alegra tu feliz cierre de curso.
Quedé (como siempre) muy complacida con tus entradas anteriores, pero no alcanzo a multiplicar mis horas y la mayor de mis pequeñas está accidentada, lo que casi me anula por completo, pero llegar hasta aquí es un buen escape, gracias por esta puerta, un abrazo

Astrolabio dijo...

Hoy venía por la calle caminando y leyendo a la vez un libro, ( tengo esa costumbre muy arraigada, me acompañan por suerte las calles de valencia, muy arregladas comparadas con la de la Vieja Villa de San Cristóbal de la Habana, no sé como no fui a parar en el pasado al mundo del sombrerero loco, o el del jardín de las flores, junto con Alicia.. caer y caer....

Estaba leyendo "En Busca del Ser" de Ramiro Calle, hay algunos fragmentos que compartiré contigo en mi espacio en estos días y si consigo en digital el libro te lo haré llegar, sé que te gustará mucho.

Bomarzo, como toda cofradía, necesita una "iniciación", no debemos olvidar los ritos, como decía la zorra al Petit Prince.

Espero cruzar el umbral muy pronto, pero me gustaría que fuese de tu mano pues como Edipo, al regalarle sus ojos a la tierra, ya no transito con paso firme por los caminos de las letras eternas...."oh Oscuridad, mi luz!"

Recibiste mi carta de esta semana?

Siempre he tenido el temor de que mis correspondencias no lleguen a su destino, aún por estas ias abisales de la informática, y es que la Isla está tan apartada de toda realidad y orden!

Quizás en ello radica su magia, es como lanzar mensajes en una botella, uno nunca sabe quién es el destinatario.

Lo mejor de Villa Diodati será el poder leer en voz alta mientras otros escuchan. No he experimentado esa sensación de intimidad desde hace mucho tiempo.

Om Shanti hermano de senda, nos vemos en la otra Villa

Astrolabio

Maykel dijo...

Yolanda, qué suerte verte pasar, así, cuando no te anuncias... Y saber que también nos une la lectura de Bomarzo es una maravillosa coincidencia por añadidura.
Espero que la pequeña se restablezca pronto.
Un beso para ti.

Maykel dijo...

Astro, sobre la caída hay un pasaje que siempre me toca en "La insoportable levedad del ser" de Milan Kundera. Ahí se alude a la caída de manera trágica pero voluptuosa, como si no pudiésemos resistirnos a caer. Creo que en efecto es así.
Sobre la iniciación de la cofradía de Bomarzo, espero realizarla con toda la solemnidad en Villa Diodati. Ya voy urdiendo el rito.
Sí llegó tu carta de la semana, mas no he podido responderla todavía: el correo, misteriosamente, recibe pero no me deja enviar. Ya sabes cómo son de insólitos los procedimientos de la Isla.
Tómame el brazo y adentrémonos en la espesura que conduce a lo ignoto. Seguimos andando hasta Villa Diodati. De aquí va a salir una berlina, pronto ubicaré un buen link, en lugar bien visible.
Luz del faro a la vera del mar, camino de Alejandría no naufragaremos jamás.
Recibe mis destellos desde la Isla...
M.

Maykel dijo...

Astro, sobre la caída hay un pasaje que siempre me toca en "La insoportable levedad del ser" de Milan Kundera. Ahí se alude a la caída de manera trágica pero voluptuosa, como si no pudiésemos resistirnos a caer. Creo que en efecto es así.
Sobre la iniciación de la cofradía de Bomarzo, espero realizarla con toda la solemnidad en Villa Diodati. Ya voy urdiendo el rito.
Sí llegó tu carta de la semana, mas no he podido responderla todavía: el correo, misteriosamente, recibe pero no me deja enviar. Ya sabes cómo son de insólitos los procedimientos de la Isla.
Tómame el brazo y adentrémonos en la espesura que conduce a lo ignoto. Seguimos andando hasta Villa Diodati. De aquí va a salir una berlina, pronto ubicaré un buen link, en lugar bien visible.
Luz del faro a la vera del mar, camino de Alejandría no naufragaremos jamás.
Recibe mis destellos desde la Isla...
M.

Carburo dijo...

El escritor Alexander Solzhenitsyn, autor de las crónicas de los horrores del gulag soviético y ganador del premio Nobel de Literatura, falleció a los 89 años de un problema cardiaco, indicó su hijo.

Stepan Solzhenitsyn le confirmó a The Associated Press que su padre murió el domingo por la noche a consecuencia de una falla en el corazón, pero no quiso hacer más comentarios.

Las descripciones que hizo el escritor de las torturas y supervivencia en los campos de trabajos forzados de la Unión Soviética sacudieron a sus compatriotas, tras dejar al descubierto la historia secreta del gobierno de José Stalin. Eso le granjeó 20 años de amargo exilio, así como el reconocimiento internacional.

Y sus crónicas probablemente inspiraron a millones de personas, al mostrar que el valor e integridad de una persona podía, a fin de cuentas, derrotar a la maquinaria totalitaria de un imperio.

A partir de 1962 con la novela corta "Un día en la vida de Iván Denisovich'', Solzhenitsyn se dedicó a describir lo que llamó el "triturador de carne'' humana que lo había atrapado junto con millones de otros ciudadanos soviéticos: arrestos arbitrarios, con frecuencia por razones triviales y aparentemente absurdas, a los que seguían sentencias a cumplir en campos esclavistas donde el frío, el hambre y el trabajo en condiciones penosas aplastaba a los internos física y espiritualmente.

Su trilogía "Archipiélago Gulag'' de la década de 1970 dejó impactados a los lectores por el salvajismo del estado soviético bajo el gobierno del dictador Stalin, y ayudó a eliminar la inclinación que muchos intelectuales de izquierda aún tenían por la Unión Soviética, especialmente en Europa.

Pero su relato de ese sistema secreto de campos de prisioneros también fue inspirador en su descripción de cómo una persona --Solzhenitsyn-- sobrevivió, física y espiritualmente, en un sistema penal lleno de enormes dificultades e injusticias que afectaban gravemente el alma humana.

Occidente le ofreció refugio y honores. Pero la negativa de Solzhenitsyn a doblegarse a pesar de la enorme presión posiblemente también le dio el valor para criticar la cultura occidental por lo que él consideraba sus debilidades y decadencia.

Tras un regreso triunfal que incluyó un recorrido de 56 días a través de Rusia para volverse a familiarizar con su tierra natal, Solzhenitsyn posteriormente expresó su molestia y decepcion de que la mayoría de los rusos no hubieran leído sus libros.

Durante la década de 1990, sus puntos de vista firmemente nacionalistas, su devoción al cristianismo ortodoxo, su desdén por el capitalismo y su disgusto por los magnates que adquirieron industrias y recursos rusos a precios de ganga tras la caída del gobierno soviético estaban fuera de moda. Decidió desaparecer de la vida pública.

Pero bajo la presidencia de Vladimir Putin (2000-2008), la visión de Solzhenitsyn de Rusia como un bastión del cristianismo ortodoxo, como un lugar con una cultura y un destino únicos, volvió a destacarse.

Ahora Putin argumenta, como lo hizo Solzhenitsyn en un discurso en la Universidad de Harvard en 1978, que Rusia tiene una civilización distinta a la de Occidente, una que no puede reconciliarse ni con el comunismo ni con la democracia liberal al estilo occidental, sino que requiere un sistema adaptado a su historia y tradiciones.

"Cualquier cultura autónoma antigua con raíces profundas, especialmente si está extendida por una parte amplia de la superficie de la Tierra, constituye un mundo autónomo, lleno de enigmas y sorpresas para el pensamiento occidental'', afirmó Solzhenitsyn en su discurso. "Durante mil años Rusia ha pertenecido a una categoría así''.

Nacido el 11 de diciembre de 1918 en Kislovodsk, Solzhenitsyn fungió como capitán de artillería en el frente en la Segunda Guerra Mundial, donde, en las últimas semanas de la guerra, fue arrestado por haber escrito lo que él llamó "ciertas afirmaciones irrespetuosas'' sobre Stalin en una carta a un amigo, refiriéndose a él como "el hombre del bigote''. Estuvo siete años en un campo de trabajos forzados en las áridas estepas de Kazajstán y tres más en un exilio interno en el Asia Central.