domingo, 5 de septiembre de 2010

En Sagua la Grande, por primera vez…

Otra ciudad de primicias.


A Olguita,
sagüera en Cárdenas,

y a Gino,
cardenense
en Santiago de Chile.


No he concebido este inventario de primicias para emular con los cardenenses. Sólo noté que estaban dispersas y que sería útil juntarlas para galardón de la Villa del Undoso. La provocación, eso sí, la suscitó la extensa nómina de inauguraciones patrocinadas por Cárdenas. Al izamiento primigenio de la bandera cubana, a la primera estatua dedicada a Colón, a la primera destilería de Cuba, Sagua contesta, por sí misma, sin vocación emulativa, con el primer buque de vapor, el primer alcantarillado y el primer cielo estrellado de la poesía cubana.

Después de examinar afinidades que relacionan a la comarca del Undoso con otras ciudades cubanas, he corroborado que no hay urbes más semejantes que Sagua y Cárdenas. Ambas fueron fundadas en el siglo XIX, con la misma pujanza azucarera, portuaria y ferroviaria. Cada una quiso honrar a la otra: en Sagua, la antigua calle de la Esperanza se llamó luego Paseo Cárdenas; en Cárdenas, la vetusta Pinillos fue rebautizada como Sagua. Para viajar a Sagua desde occidente era imprescindible hacer escala en Cárdenas; para llegar a Cárdenas desde oriente había que tocar antes el puerto sagüero. Muchos viajeros hicieron paralelos entre ambas ciudades. Ramón de La Sagra, Samuel Hazard, Carrerá, Juliá y Eva Canel, asumieron que Cárdenas y Sagua podían compartir en perfecta fraternidad el mismo capítulo de sus viajes. Ambas han poseído idénticos epítetos: Perla del Norte, Ciudad de los Coches y las Bicicletas… No parezca raro a nadie entonces que también compartan la avidez de comienzos. Por eso he colectado estas noticias sagüeras, que no aspiran a empañar la divisa del escudo cardenense donde con orgullo se declaran “Primus in Cuba”.

He aquí las primicias del Undoso. Cada dato fue cotejado con la fuente bibliográfica original. Pese a la extensa indagación, la lista sigue incompleta. Abarca sólo el siglo XIX. Este inventario, entonces, permanece abierto para otros hallazgos.



1. Primer buque de vapor construido en Cuba. “Se botó al agua y comenzó sus viajes por el río el vapor Sagua la Grande, de la casa de Beronda, teniendo este puerto la gloria de ser el primero de la Isla en que se construyera un buque de esta clase.” La botadura acaeció en 1849.

2. Primer alcantarillado de Cuba. “A Sagua la Grande le cabe el honor de ser la única ciudad de Cuba con un alcantarillado construido a mediados del siglo XIX.” Los planos se levantaron en 1852 por los ingenieros O’Campo, Henrique y Couspeire. En julio del año siguiente quedó concluido el desagüe de la calle Gloria.


3. “[…] el primer gran cielo estrellado de nuestra poesía y el primer diálogo del hombre con las estrellas.” Según Cintio Vitier, estas primicias poéticas corresponden a “La ilusión”, poema de de “El Trovador Cubano” –seudónimo de Francisco Pobeda y Armenteros- fechado en Sagua, 1853. Pobeda, fundador del criollismo romántico en la poesía cubana, murió a los 85 años en la Villa del Undoso.

4. Primer periódico científico publicado en el interior del país. “El Eco Científico de Las Villas”, dirigido por el Dr. Agustín W. Reyes, comenzó a publicarse con frecuencia mensual a partir de 1883 y durante cuatro años. Ha trascendido como la primera publicación periódica dedicada a las ciencias que se publicó fuera de la capital cubana.

5. Primer movimiento reformista de alcance nacional para enfrentar la crisis económica de la década de 1880. Los hacendados de Sagua suscribieron un manifiesto solicitando reformas al gobierno español. Se imprimieron 4 mil ejemplares y se enviaron cablegramas a los ministerios peninsulares. El movimiento iniciado en la Villa del Undoso se extendió a otras regiones del país.

6. Primer colegio laico de Cuba. Se fundó en 1886, a iniciativa del sagüero Juan J. de Garay, recién llegado de Europa. Se llamó “Luz y Verdad”. Aceptaba a “niños de todas las razas y por pensiones insignificantes.” Duró cuatro años.

7. Primera red telefónica del centro de Cuba. Ya se hablaba del proyecto desde los primeros meses de 1892, pero los postes del tendido no se instalaron hasta diciembre. El gestor del proyecto fue Andrés Casas Aulet, que debió enfrentar la desconfianza que a menudo suscitan los adelantos. Sagua la Grande fue la 4ta. entre las primeras ciudades cubanas dotadas de telefonía.

8. Primera estatua erigida en Cuba a un magnate capitalista. “[…] el 2 de febrero [1894], se inauguraba la estatua en mármol de Carrara, del Conde de Casa Moré, erigida por la Compañía del Ferrocarril en el jardín de la Estación.”

9. Primer partido político fundado al finalizar la dominación española en Cuba. El 14 de diciembre de 1898 se constituyó el Partido Democrático Sagüero, pionero de la futura vida política republicana. Algunos días después, el PDS concibió e hizo difundir un manifiesto a todos los cubanos. Dice el historiador José E. Pérez que “Sagua la Grande fue la primera población de Cuba que empezó a mostrar sus anhelos políticos para lo porvenir, cuando se dio por terminada la dominación española.”

10. Primer centro de enseñanza preescolar de Cuba. Se fundó en la Villa del Undoso gracias a la gestión de Francisco de P. Machado, que consiguió los fondos sobrantes de un comité neoyorkino de auxilio a los reconcentrados. Las primeras educadoras fueron las norteamericanas Turner y Layer. Se le reconoció oficialmente la condición de primer “kindergarten” de Cuba.

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Notas.

[1] Antonio Miguel Alcover; Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción, Imprentas Unidas de La Historia y El Correo Español, Sagua la Grande, 1905, p. 102.

[2] Juan de las Cuevas Toraya: Quinientos años de construcciones en Cuba, D. V. Chavín, Servicios Gráficos y Editoriales, Madrid, p.135.

[3] Cintio Vitier: Lo cubano en la poesía. Edición definitiva, Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1998, pp. 114-115.

[4]Antonio Miguel Alcover: El Periodismo en Sagua, Tipografía La Australia, La Habana, 1901, pp. 184-192.

[5] Alcover: Historia… pp. 362-365.

[6] José María Martínez: Ligeros apuntes sobre la enseñanza escolar y el magisterio en Sagua la Grande, Magazine de La Lucha, Provincia de Santa Clara, 1926, p. 395.

[7] Alcover: Ibídem, pp. 448-449.

[8] Alcover; Ibídem, p. 461.

[9] José E. Pérez [Pepe Hillo]: Con Sagua, por Sagua y para Sagua, Imprenta de Pompilio Montero e Hijo, La Habana, 1945, pp. 101-106.

[10] José María Martínez: Escuela de kindergarten, Ibídem, p. 397.


sábado, 28 de agosto de 2010

Fragmentario de la lluvia

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Una taza sobre la silla, que estaba vacía de aliento. El plantío detrás imponía su verde funesto.
Y él, inclinado al licor de la frívola Rosamunda, extiende un vaso bajo el chorro que derraman los aleros.



El esmalte de los arcos húmedos no es tal. Sólo se vislumbra una efigie que evade los reflejos. Ojalá fuera de veras ciclópeo este sillar caído. Yo, casi impertérrito, he visto la torre caediza; he soplado sobre mis manos con vigor inútil.



Cómo poner un hálito en la taza vacía para ofrecerlo a la abuela, una taza sarmentosa como su piel.



Un ojo desolado en el cuadro de Odilon Redon, como el mío, cuando advierte el torbellino de hojas que sopla sobre las sienes y agita la resolución de cifrar en los biombos algún chiste japonés que distraiga a los fisgones. Esto, desde mi aturdimiento de cíclope.



Un domingo por la tarde en la isla de la Grande Jatte, con música trepidante y una fila de lonas junto al mar, donde resguardar el ocio hasta el próximo turno.



A Esteban, en el café

Llevaba consigo la llave perdida a la mesa del café, la hundía en el bolsillo donde me hacía velar; equivocaba siempre el camino de regreso, que seguía la raíz dorsal de un bosque extinto.

¡Cuántas abejas!
Revuelan, asedian nuestro brío.

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lunes, 2 de agosto de 2010

Die Liebe höret nimmer auf

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¿A qué vino Edmard Enth, ingeniero y teniente condecorado en la Guerra Francoprusiana con la Cruz de Hierro? En San Jorge lo visitó una señora de carnes gélidas: frau Muerte, de porte germánico y tez desvaída. Enth nunca pensó morir de este lado del Atlántico.

¿Fueron las fiebres o el cólera? ¿Acaso un ataque de los insurrectos que ya habían asediado el lugar en 1871?

La enigmática muerte de Edmard Enth, de veinticuatro años, en un ingenio azucarero de Sagua la Grande, me obliga a conjeturar. ¿Quién era? ¿Por qué vino, con su traje militar y sus partituras de Schumann, a tocar en el piano de la mansión de San Jorge una música que se perdía en una urdimbre de aguas y trastornaba el estoicismo de las palmas? Su cruz, pendiente del pecho en las noches de convite, parecía una condecoración del derrotado; era la cruz de su destierro.

En la lápida de la tumba de Enth fue cincelado, con caracteres góticos, un texto en inglés que reza:

In Loving Memory of

W. Edmard Enth,

Engineer and Lieutenant

in the German army,

Decorated with the Iron Cross in the Campaign

1870-71

Born at Schöntal in Wurtemberg, March 29th 1851

Died at St Jorge in Cuba, May 6th 1875.



Y luego un epitafio alemán:

Die Liebe höret nimmer auf

I Cor. XIII. 8.


Nunca he estado en San Jorge. Manuel Piedra, coronel y memorialista, hacía el trayecto a caballo desde esta Villa del Undoso en el siglo XIX, pero esa ruta –el Camino del Inglés- ya no existe. Según Piedra, la residencia principal de San Jorge era un palacio de madera y cristal, a la moda norteamericana, coronado por una torre. Juan Antonio Morejón, historiador de Isabela de Sagua, refería la pervivencia del amo de la casa –no sé si Hemenway, comerciante de Boston- embalsamado y a la vista de los curiosos en uno de los salones. Por esa época era un enclave sombrío. Algunos años después, extinta la esclavitud, fue demolido por miedo a los espectros. El cementerio se llenó de maleza.

¿Y Enth? ¿Cómo fue que nadie lo reclamó? ¿Qué amor suyo hizo inscribir allí ese versículo? Die Liebe höret nimmer auf. «El amor nunca pasará».

¿Y cómo asegurarme de qué no pasará? ¿Es tal vez por eso, porque no ha pasado ni pasará, que escribo sobre Edmard después de tantos años? ¿Soy yo el único que ha pensado en él, que de seguro leía versos de Heine y amaba a Schubert como yo lo amo? ¿Soy el último que le ha dedicado un pensamiento a él, muerto un día lluvioso de mayo, echando de menos la bruma sobre el Rhin que bordea la comarca de Baden?

Pero la muerte debió ser, como la evoqué arriba, frau Muerte, una señora venida de Renania, a devolver la cruz en el pecho de Enth a su hierro germano. “Die Liebe” fue la razón que afincó a Edmard en la tierra del Undoso.

Así lo creo, mientras aguardo por ti, y no ceso de indagar si pasas o te quedas en mí, donde no puede tocarte la muerte cotidiana que navega por el Báltico y lacera mi antigua serenidad sobre los acantilados del Mar del Norte.

Fotos: Fuerte español en el antiguo ingenio Resulta.
Lápida de Edmard Enth.


jueves, 29 de julio de 2010

Mi respuesta a Ernesto

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No molestan tus observaciones. Por el contrario, me ofreces la oportunidad de reflexionar sobre algunas generalidades estilísticas y vitales que me atañen.

Sobre la sintaxis y especialmente el vocabulario, a lo que pareces referirte, pienso que el lenguaje sigue siendo pobre para expresar la infinitud de matices que podemos captar. Hay como un desequilibrio entre lo que experimentamos y lo que alcanzamos a decir con las pobres palabras. La poesía -y toda creación es poesía en su instancia primigenia- aspira, como observaba el cubano Raúl Hernández Novás en la obra de César Vallejo, a dejar su marca de idioma poco usual; yo diría, de lenguaje renovado y decantado de sus vejeces. Por otra parte, amigo mío, cada uno escribe como puede, con lo que se tiene a mano. Yo querría usar un protoidioma, como ese que ha visto el analista mexicano Fredo Arias en numerosos poetas, pero mi lengua está contaminada por palabras venidas de cualquier parte y pulirla es tarea titánica que le dejo al viento.

Acerca del otro tópico que te pareció impropio -mi sexualidad-, he aludido a sus accidentes con toda la naturalidad posible. No he hecho profesión de fe homosexual, ni siquiera he invocado a Platón para exponer un noble precedente que ha desconcertado al Occidente judeocristiano. No, jamás lo intentaría. He querido solamente pasar por normal, en esta entrada al menos. Si leíste también una anterior sobre ciertas luchas cubanas por los derechos de los homosexuales, te recuerdo que los discriminados por cualquier motivo -con la ventaja de conocer la lógica enemiga- no tienen a veces más opción que enfatizar su singularidad para defenderse de los que intentan persuadirlos, desde el dislate, de su inferioridad. Eso hicieron las mujeres, los negros y los comunistas durante el siglo XX.

Betanzos también está en la vecindad de La Coruña, así no dudo que por alguna raíz seamos parientes.

Saludos desde Sagua la Grande, Cuba; el sitio donde también se parapetan las certidumbres universales de mi singularidad.

jueves, 15 de julio de 2010

Circunloquio del vacacionista adolescente

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Vi a los transeúntes bajo inútiles paraguas porque el lunes llovió. Otras veces usan semejantes salvaguardas, pero no son tan infructuosas.

El martes descendió el voltaje y no pude acabar una mala comedia sobre un padre exitoso en todo menos en su paternidad. Más tarde, ya a oscuras, mi padre escudriñó la casa con una linterna a ver si me sorprendía con alguien. Por suerte, Eric estuvo lo bastante despierto como para meterse bajo la cama a la manera de un personaje de Boccaccio.

A esta cama hubo que agregarle una pata hace años; es la única pentápoda que he conocido. Me gustaría decir que se estropeó durante una memorable faena erótica. La verdad es que esa viga amenaza con hacerse paja desde mi infancia. Como prueba de mi perseverante adolescencia diré que he dormido ahí durante toda mi vida.

Por culpa de esa pierna postiza que tan noblemente me sostiene, Eric se atascó y estuvo a punto ser descubierto. Creo que a mi padre le tortura más la idea de mi sexualidad que el riesgo de hallarme ejerciéndola.

El lunes habló Fidel, investido por su nuevo don de evangelista en Patmos. El martes hablé yo: dije que desistieran de la permuta que propusieron hace meses. Expliqué mi certeza de que la casa que desean no existe. Otra vez me sentí adolescente en pugna. El miércoles nadie habló. En cuanto a mí, seguí leyendo una novela de Amin Maalouf que me regalaron hace años y todavía no termino. También oí a Juliette Gréco en una pieza de empaque optimista, a ver si me alivio.

Esta semana debí viajar y de pronto me acometió el síndrome del caracol. Un caracol nocturno en un rectángulo de agua. Ya pedí perdón a quien me esperaba, pero no sé todavía si me perdonan por el miedo y la parálisis.

Foto: La Punta, Isabela de Sagua, 14 de junio de 2010.
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viernes, 9 de julio de 2010

The snow garden

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Aguas de nieve han dado al yacente para curarlo de su mal flamígero. Al beberla sobreviene un estallido helado en los dedos, como al hundirlos en el morral de los sicofantes.

A mí me dieron carámbanos, un puñado de piedras blancas para sanarme de las aguas lapidarias.

Tuve que guardar la blanca escudilla bajo la cama hasta el advenimiento del septentrión que anhelaba.

Todavía recuerdo a los marchantes de nieve, caballeros ultramarinos que dejaban pendones para corroborar su frívolo paso. Por unas monedas cedían el raro esplendor de una aurora boreal y la turbia impugnación de otras auroras.

Foto: Jardín nevado, de Peter Henry Emerson (1856-1836)

viernes, 2 de julio de 2010

Violines del Leteo


Bajo el puente de Isla Verde, donde se vierte el Leteo y la memoria desciende sobre los violines hasta romperles el secreto de su voz doliente.

Asido a los cabellos inextricables de Rapunzel, ahí, compongo el violín extraviado por el maestro cantor que anoche encomiaba la virtud del Leteo y su negro alivio.

Por donde viaja el cisne wagneriano cae el buen Lohengrin, cae por oficio con su silueta mojada de impurezas. El paseante fuliginoso se quiebra una pierna y retira de sí el rostro de su hijo extraviado en una isla de asfalto.

Rapunzel me creyó príncipe de alguna dinastía afincada en un país áspero porque sintió cómo se hunden las espinas traídas de lejos, con cuánto dolor se hunde la música de las espinas en este jardín difuminado.

Rapunzel nunca fue princesa ni cedió los cabellos a nadie que no marchase, hábil cisne, hasta el puente donde caigo, como oficioso caballero, en el páramo de los violines impuros.

Foto: Arroyo de Contreras, desde el puente de la Concordia (1859). Cocosolo, Sagua la Grande.